Tus Palabras Enamoran...


Tus palabras enamoran…

Cuando ella era pequeña y estaba en el colegio siempre pensaba que estudiar castellano era un tontería, que nadie podía aprender tantas reglas, tantas palabras, que nadie se fijaría si hablaba bien o mal, si escribía bien o mal… ahora unos cuantos años mas tarde se atreve a confesar que es esclava de la palabra, sobretodo de la escrita… escribe porque le ayuda a ordenar los pensamientos, y una que otra vez los sentimientos. También habla, habla siempre, habla mucho, habla sola, consigo misma, habla con los demás, habla todo el tiempo, habla dormida, habla de todo, lo que ve, lo que piensa, lo que sabe y lo que cree, le gusta escuchar, leer, entender y opinar.
Ahora ella ha descubierto que se enamora de las palabras… habla, respira, aprende, piensa y siente con palabras, hay palabras que quiere y palabras que odia, unas le significan mas que otras, dependiendo de la boca de la que salgan, y así fue como sin darse cuenta se encontró con el, se enamoró de el, hablando… se enamoró de todas y cada una de las palabras que salían de su boca, no lo amaba a el, amaba su forma de hablar, su forma tan elocuente de decir lo que pensaba, lo que sentía, como miraba el mundo, se enamoró de su conversación.
Esperaba siempre impaciente que llegarán esos días de charlas infinitas, sentada en la grama de algún parque, sintiendo el aire en su cara, en la más absoluta oscuridad o de día tal vez, ella sólo quería escucharlo, no importaba el tema, sólo quería ver como sus labios se movían cuando articulaba cada palabra.
Se enamoro de esos momentos, de las risas y las dudas que no controlaba cada vez que hablaban, de ella, de el, de la vida misma y fue en una de esas tertulias donde descubrió casi por equivocación su mayor temor… y si algún día llegara a no escucharlo más? Y si algún día por cualquier razón dejaban de hablar?... no podía siquiera imaginarse no volver a escucharlo. A veces soñaba con su voz, si le hubiesen preguntado qué necesitaba para vivir no habría dudado ni un segundo, quería sus palabras, quería sus oídos.
Podían hablar durante horas, se oían con atención, o al menos fingían, toda aquella relación se basaba en eso, podía no tener nada que darle, pero siempre tenía algo que decirle.
Y eventualmente pasaría aquello que tanto temía, dejó de hablarle, de escucharle, de verle, pero sus palabras no se iban, ella se encargaba de mantenerlas siempre cerca, en su mente, en sus recuerdos, hasta que dejó de oírlo incluso allí.
Ahora continúa con su vida, va por las calles escuchando siempre atentamente, va por ahí en busca de nuevas palabras que la enamoren…

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